Me enviaron de un lugar del que no tengo recuerdo, todo era muy confuso. A una ciudad subterránea muy grande. Una metrópolis bajo tierra.
No recuerdo como viajé, solo recuerdo una fuerte luz blanca muy brillante y un gran vació blanco a mí alrededor. A los pocos segundos había llegado.
Era apenas un niño. Todo lo que veía y escuchaba se sentía extraño, como una realidad aumentada. Comparado como se percibe a una edad adulta.
El sitio era inmenso, con senderos y caminos donde transitar. La arquitectura era muy extraña todas casas cuadradas y rectangulares. Parecían estar talladas en una sola pieza en la roca, los techos las paredes y ventanas eran color arena. Una luz cálida, tenue y agradable resplandecía sobre las casas. Como en un atardecer eterno. Siempre había mucho silencio en el área de las casas.
Había balnearios comunitarios de aguas termales,
