martes, 25 de abril de 2017

Bajo Tierra

Me enviaron de un lugar del que no tengo recuerdo, todo era muy confuso. A una ciudad  subterránea muy grande. Una metrópolis bajo tierra.
No recuerdo como viajé, solo recuerdo una fuerte luz blanca muy brillante y un gran vació blanco a mí alrededor. A los pocos segundos había llegado.


Era apenas un niño. Todo lo que veía y escuchaba se sentía extraño, como una realidad aumentada. Comparado como se percibe a una edad adulta.
El sitio era inmenso, con senderos y caminos donde transitar. La arquitectura era muy extraña todas casas cuadradas y rectangulares. Parecían estar talladas en una sola pieza en la roca, los techos las paredes y ventanas eran color arena. Una luz cálida, tenue y agradable resplandecía sobre las casas. Como en un atardecer eterno. Siempre había mucho silencio en el área de las casas.
Había balnearios comunitarios de aguas termales,

domingo, 25 de septiembre de 2016

ATEMPORAL
 

Me encontraba una fábrica abandonada, subí por unas escaleras de hierro oxidado, el aire se tornaba espeso. Las paredes que alguna vez fueron blancas, ahora estaban descascaradas, llenas de hollín y hongos. Entraba muy poca luz. Me sentía enfermo, podrido por dentro. Caminé por un pasillo circular, parecía un granero.
Sabía lo que está buscando y lo encontré. Un cilindro transparente de dos o 3 m de altura transparente, con una entrada y una

fuente de energía al lado. Luego de pensarlo por un rato salté dentro de él.
Quede suspendido en el aire dentro. Sentí una sensación atemporal, el tiempo corría de una forma distinta.
 Todo mi cuerpo temblaba muy rápido, con movimientos involuntarios en mis extremidades se sacudían en intervalos muy rápidos y lentos.
Todos mis puntos energéticos se cargaban nuevamente, sanaban, cualquier rastro de enfermedad se desvanecía.
A través del cristal vi y llegar por el pasillo dos figuras humanoides negras. Se detuvieron en el pasillo frente a mí observando cómo me agitaba sin control, observando el proceso. Sus movimientos eran rápidos y lentos, atemporales, oníricos. ¿Se veían así? O ¿yo lo veía así? Salí curado. Cuando fui a ver no había nadie.

martes, 6 de septiembre de 2016



Terraforma


Era joven y me encontraba frente a una metrópolis devastada, una civilización que había llegado a un nivel tecnológico inimaginable y había quedado reducida a escombros y cenizas. El fin de un ciclo. No había casi rastros de vida, como animales, plantas.
Entre una sensación desoladora y a la vez admiración por los restos de una monumental civilización. ¿Quiénes fueron, que sucedió? Pero no me dejaron saber.
Todo el lugar emanaba un eco de dolor, violencia y sufrimiento. Tampoco había crecido vegetación, por lo menos sería algo.

Hice un reconocimiento del lugar con un traje hermético. Partes del suelo eran de asfalto, partes eran de metal, cubierto de tierra. Entre los edificios había cúmulos altos de escombros y artefactos viejos, irreconocibles y quemados. A varios metros había dos figuras humanoides de color gris claro. Parecían buscar o comer algo que estaba en los cúmulos de escombros. Notaron mi presencia pero continuaron lo que estaban haciendo.

Me alarmé un poco, pero me dijeron que no había peligro. Que no me harían daño alguno.
Algo o alguien me habían encomendado crear un nuevo asentamiento, para repoblarlo nuevamente, ser el arquitecto de ese nuevo mundo.
Me dieron el poder tecnológico absoluto para crear un mundo, igual o más imponente que el anterior. Durante el proceso mi hija me ayudó a realizarlo. Siempre tuvimos una inmensa admiración el uno por el otro. El proyecto de una vida materializado ante mis ojos. Enormes construcciones impresionantes, medios de transporte anti gravitatorios, enormes ríos artificiales, fuentes y todo tipo de vegetación en armonía con todas las construcciones, energía libre. Nada de lo que se fabricó producía contaminación. Todo construido con la

viernes, 2 de septiembre de 2016



La Montaña

Hace mucho tiempo emprendí un viaje a través de una montaña. Éramos varios, nuestras ropas estaban hechas con pieles de color blanco y negro; zapatos también. Había nieve en el suelo y en el revestimiento de los Pinos. Subimos por un sendero de roca gris, por el que descendían venas de agua; a nuestra izquierda la ladera de la montaña llena de pinos, se veían otras montañas y riscos en la parte más baja, cubiertos de nieve y césped.
Casi llegando a la cima vimos una construcción tallada en piedra negra grisácea, tipo volcánica. El piso era plano, como si lo hubieran tallado, un poco desnivelado por la erosión del agua que corría alrededor.
La construcción era de una sola pieza, los costados lisos, tallada correctamente como en Egipto. Tenía unos ventanales rectangulares, las puntas eran curvas, el vidrio era ahumado y, al reflejar el sol, se ponía de un color naranja amarillento. Apenas podía verse su interior. En la parte lateral había un techo soportado por dos columnas; junto a los ventanales había una puerta metálica de color negro opaco y un panel de roca rectangular, a la altura de nuestro abdomen, sobre él una chapa metálica con pequeños botones y un código para abrir la puerta.


La construcción no me resulto desconocida; también sabíamos cómo acceder. A través de la ventana se veían unas figuras humanoides caminando en el interior. Algunos dijeron que siguiéramos nuestro camino y otros que los ayudáramos a salir. Abrimos la puerta y comenzaron a salir. Eran muy altos y musculosos; su fisionomía era como de un hombre de Cromañón o Neanderthal; el cabello era corto, con rizos enmarañados de color marrón y amarillo.
Se pusieron agresivos, violentos. Tratamos de desplegarnos, pero eran más ágiles, rápidos y fuertes. Uno de ellos, le pateo un tobillo a uno de los nuestros,