martes, 6 de septiembre de 2016



Terraforma


Era joven y me encontraba frente a una metrópolis devastada, una civilización que había llegado a un nivel tecnológico inimaginable y había quedado reducida a escombros y cenizas. El fin de un ciclo. No había casi rastros de vida, como animales, plantas.
Entre una sensación desoladora y a la vez admiración por los restos de una monumental civilización. ¿Quiénes fueron, que sucedió? Pero no me dejaron saber.
Todo el lugar emanaba un eco de dolor, violencia y sufrimiento. Tampoco había crecido vegetación, por lo menos sería algo.

Hice un reconocimiento del lugar con un traje hermético. Partes del suelo eran de asfalto, partes eran de metal, cubierto de tierra. Entre los edificios había cúmulos altos de escombros y artefactos viejos, irreconocibles y quemados. A varios metros había dos figuras humanoides de color gris claro. Parecían buscar o comer algo que estaba en los cúmulos de escombros. Notaron mi presencia pero continuaron lo que estaban haciendo.

Me alarmé un poco, pero me dijeron que no había peligro. Que no me harían daño alguno.
Algo o alguien me habían encomendado crear un nuevo asentamiento, para repoblarlo nuevamente, ser el arquitecto de ese nuevo mundo.
Me dieron el poder tecnológico absoluto para crear un mundo, igual o más imponente que el anterior. Durante el proceso mi hija me ayudó a realizarlo. Siempre tuvimos una inmensa admiración el uno por el otro. El proyecto de una vida materializado ante mis ojos. Enormes construcciones impresionantes, medios de transporte anti gravitatorios, enormes ríos artificiales, fuentes y todo tipo de vegetación en armonía con todas las construcciones, energía libre. Nada de lo que se fabricó producía contaminación. Todo construido con la
más alta tecnología. Recién pudimos salir a caminar con normalidad cuando terminaron de reparar la atmosfera y el agua. Subimos a las torres más altas para ver los amaneceres, atardeceres y la imponente imagen del nuevo mundo que habíamos creado. El oxígeno nuevo que se respiraba era estimulante, casi embriagador y el calor del sol parecía hecho a la medida, calentaba pero no quemaba y siempre el mismo clima agradable, nunca hacia frio ni calor. Todo nuevo, funcionando, estaba satisfecho. Tuvo el propósito más grande y pude cumplirlo, el nacimiento de un nuevo ciclo. Todo lo que hicimos, duraría varios miles de años, antes de que se necesitara algún mantenimiento.

Quise ver el proceso de repoblación, pero no se nos fue permitido o no viviríamos tanto para verlo. Los contratantes borraron parte de nuestra memoria y todo recuerdo sobre ellos. Solo dejaron algunos recuerdos significativos de lo que hicimos y experimentamos en la creación del sitio. Lo único que recuerdo es que el contacto con ellos, había sido con mucha distancia, durante todos esos años, casi todo lo que hicimos era automatizado.

El proyecto tomó muchos años, casi una vida.
Partimos del sitio con nostalgia, pero satisfechos de haber dejado un legado tan impresionante a las futuras generaciones. El lugar era tan especial que hubiéramos pasado el resto de nuestros días allí.

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